Mar

MAR2

Te acercas y me rozas, un escalofrío recorre mi cuerpo. Luego te alejas y me dejas sola observando la huella que dejas al marcharte. Vuelves de nuevo, esta vez me tocas con más fuerza, con más ímpetu, con tal pasión que hace que sea yo la que se aleja de ti. Te asusta mi manera de huir y esta vez te marchas mucho más lejos. No soporto más esta agonía, me armo de valor y corro hacia ti, me recibes con un torrente de abrazos fríos que luego se convierten en calor.

Acabo mojada, muy mojada.

Sonia


Surcaba los mares la gran flota (no se va a llamar hunde, “la gran hunde”, serían submarinos o del Titanic). Durante horas y horas no hubo ni una ola (ni un adiós por lo menos, si es que el mar es muy desagradecido) y se quedaron anclados (en el pasado, aún llevaban loros en el hombro). Habían visto algo con el catalejo (que de cerca poco, pero a unos metros ayuda mucho a degustar).

Sin mediar ni gota apareció una ballena (sí, sí, iba llena de algas, de peces…) y le lanzaron el arpón (instrumento de cuerda del tamaño del gran cetáceo); pero fallaron por culpa de los cantos de una sirena (ninoninonino).

Santi

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